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MIEL SOBRE HOJUELAS

Aránzazu González 15 de abril de 2021 Por Aránzazu G. Herranz
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El olor a pestiños, buñuelos, torrijas, hojuelas, y cuantos manjares más que definen el calendario. Costumbres y tradiciones que perdieron la fecha en un abismo de ausencias. Vísperas precintadas hasta nuevo aviso. 
 
Viejas cocinas de leña sin avances tecnológicos, hoy llamadas “vintage”. Amores a fuego lento, pucheros sin atropellos, cacillos de acero relucientes, colgados de la pared que recita versos de Jorge Manrique y Machado, entre platos y cuencos de porcelana, hoy desconchados. Unas manos en las que el tiempo clavó su huella, afanadas en preparar los dulces de Cuaresma que marcarían esa infancia y adolescencia. 
 
Un carnaval de sabores, inherente a todos los vivimos esta otra guerra. Un viernes de Dolores religiosamente en huelga con una Semana Santa exiliada y sin conciencia. Tronos y pasos guarecidos en Castilla y Andalucía. Legionarios y penitentes añoran cautivos a su Cristo.
 
Nos propusimos enterrar a la sardina y vestirse como las de Zamarramala, renegando de un 8M sectario y extremista, aceptando de nuevo un marzo sin Gabarreros, esclavizados en una calma tensa, afrontando esta segunda primavera. Un reguero de nostalgia invade el vacío de expectativas, llenos de ganas y de silencios.
 
Un recuerdo perenne que se recrea devolviéndonos a las estancias de antes, donde los únicos aerosoles eran los del azúcar y la canela, las risas y las historias de siempre junto a la chimenea, rindiendo homenaje a nuestros orígenes, y a los buenos ratos que tanto echamos de menos. Esa miel que añadíamos a nuestras hojuelas.

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