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Caminar con Fernando

El Espinar 12 de marzo de 2021 Por Jesús María González
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Fernando y Jesús

Siempre es más fácil caminar acompañado que sólo. En estos días atrás he visto como mi padre no estaba solo en esta dura ruta que ha realizado, pues ha tenido una multitud de gente en vilo por su estado de salud.

Sus amigos de la AJE, con Juan Andrés y Guille tirando del carro, sus vecinos del barrio, sus quintos, en especial Angel Mariposo, con quien mantenía una amistad especial, con sus particulares bromas, pues era parte del juego, los Fruteros, para él y para nosotros como una familia, también sus compañeros de trabajo en el Preventorio. Los niños del barrio, que se criaron conmigo, han lamentado profundamente su marcha, pues la pila de mi casa, calmaba la sed de todos (Isma, Ivancín, Pajero, Raúl León, Víctor Mariposo, Antoñito que era el mayor de todos, su hermano Dani...), sin importarle jamás quién y cuántas veces entrasen a beber agua, eso sí, cerrarme el grifo les decía, que corre el contador y hay sequía. También les dejaba la carretilla para jugar a los toros, no han olvidado a Fernandito hasta el último día, él quería a todos y ellos a él.

Toda esa gente del pueblo que han estado pendientes también de nosotros, de él, sois muchos, incluiros todos ahí, pues nombraros es muy complicado.

También esa gente que lo han conocido por mi afición a los toros y al monte, que han tenido una angustia muy grande por mí, por nuestra familia y por él, en especial Juanjo Matute, Josete el de Tordesillas, Emilio de Zaragoza, Sara Barba, Roci Fresnos, José Vega, Vero Díez, Lucía, Marga, Raquel, Felipe, Luis, Miriam...

Manolo, unos de sus mejores amigos, está destrozado, pero tendrá que caminar, pues Faustino, como él le llama, es lo que le gustaría ver, que lo haga pronto.

Y los chicos, ¡ay los chicos!, esos que estaban deseando estar con él, celebración que había, celebración que le invitaban, hasta bailaba con ellos, han pasado también malos días los de la Panda Nueva como los llamo yo. 

Y no me olvido de un pilar fundamental en este camino, Luis Miño, que ha sido mi faro en estos días manteniendo viva mi esperanza hasta el último momento. 

Ya termino, seguramente me dejo a muchos, mi padre era un hombre con muchos amigos, perdonarme y no me lo toméis a mal.

La vida le golpeó duro muchas veces, pero siempre creyó en la fe, jamás se enfadó con Dios, pidió por todos, últimamente lo hacía por los médicos que luchan para salvar vidas y todos los enfermos, porque terminase esta pandemia, desde ahí arriba, seguirá haciéndolo.

Yo y mi familia, queremos dar las gracias a ese maravilloso equipo de la UCI que ha luchado hasta el último retazo de vida por Fernandito con mucho esfuerzo, mimo y dedicación, no ha podido ser, pero seguro que vendrán satisfacciones pronto, son necesarias para que sigan caminando, mi padre les dará fuerzas. 

Cómo dice Pablo Zorro, Fernandito rezaba en voz alta el día de la bajada y la subida detrás del Cristo del Caloco con su potente voz, seguirá rezando detrás de él, porque es lo que más le gusta.

Será imposible ser como él, porque era único e irrepetible, parecernos en algo, sí, por eso sí algún día tengo hijos o sobrinos, les enseñaré orgulloso los valores que él nos enseñó en su corto, pero intenso camino. 

No tendremos palabras suficientes para agradeceros las muestras de cariño recibidas estos días, hemos intentado contestar cada mensaje, cada llamada, si se nos ha escapado alguna, perdonad.

La ovación que sonó en el cementerio al terminar su entierro fue tan grande como su corazón. 

MUCHAS GRACIAS A TODOS EN NOMBRE MÍO Y DE MI FAMILIA. FERNANDITO CAMINA CON TODOS.

Stmo. Cristo del Caloco, El Espinar

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