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De cerca: Hambre

Juan Andrés Saiz Garrido 16 de diciembre de 2020 Por Juan Andrés Saiz
Tito Molinero
Tito Molinero Pedro Luis Hernanz "Tito Molinero" confeccionando mascarillas solidarias durante la primera etapa de la pandemia

"Prefiero morirme del virus que de hambre". Lo he escuchado y, sin duda, tendrán sus razones los que así se quejan, pero no lo comparto. Ahora, en mi pueblo y en España, uno se puede morir de desamor, de falta de ilusión, de soledad, de miedo, del puto cáncer y también del virus... pero no de hambre.

De joven, cuando no había pandemia pero sí demasiadas carencias, mi quinto "Tito Molinero" me dijo que lo único que le pedía a la vida era hambre. Me chocó y le animé a que se explicara. Fue muy claro: "Hambre, sí, porque si la tengo sabré que estoy sano y, con salud, ya me encargaré yo de lograr lo que necesite, trabajando". Luego, Tito ha sido siempre la dignidad plena de un trabajador en estado puro.

Todo el que viene de abajo sabe cuánto le ha costado conseguir cierto bienestar, después de estudiar una carrera o un oficio, hasta ganarse un buen empleo o levantar una empresa, por pequeña que sea... y el drama que puede suponer perderlo todo de golpe. 

Hace ocho años y medio que le perdí por completo el miedo a la muerte; sin embargo, ahora quiero ser uno más en empujar el carro, para salir juntos de esta locura con coraje, sacrificio y disciplina. Y le pido a la vida mucha hambre, de esa buena que te ayuda a levantarte cada vez que caes. 

Veo que Pfizer, el laboratorio para el que trabaja mi sobrina Piedad Garrido (Pía), ha logrado una vacuna esperanzadora. Me apunto.

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