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Tres pillos, muchos guardias y un tribunal

Jesús Vázquez Ortega 14 de noviembre de 2020 Por Jesús Vázquez Ortega
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Meses atrás relataba las desventuras de Mariano G. cartero de la Estación de El Espinar en la década de los treinta, cuyo triste final fue consecuencia de una existencia desahogada a caballo entre el alcohol y la desidia, desvíos de conducta que le obligaron a abandonar el pueblo un día de 1935.
 
Bucear en los añejos archivos jurídicos suele proporcionar informaciones de toda condición, algunas de carácter lamentable y otras que rayan puntualmente en lo grotesco. En esta línea podemos incluir el relato de este mes, una historia que nos enseña cómo ha cambiado la percepción de ciertos aspectos de la vida a medida que el tiempo va transcurriendo. Sin más preámbulos procedo a narrar este acontecimiento ocurrido en el verano de 1911, cuando la ética y la moralidad eran valores inquebrantables que la Justicia tenía muy en cuenta, aplicando las leyes a rajatabla si se traspasaba el umbral de la legalidad.

Una mañana de agosto
 
El calor apretaba desde temprano, la noche al raso de San Rafael alivió en parte los ardientes padecimientos de los tres trotamundos que el día anterior habían protagonizado una modesta tienta de vaquillas resabiadas celebrada en honor a la Virgen. Después de tomar algún chato al que fueron invitados por el señor alcalde y percibir los emolumentos correspondientes al arrojo demostrado en el ruedo, los maletillas sin lugar donde dormir para ahorrar un dinero, decidieron buscar un sitio fresco a la vera del Arroyo Gudillos, por entonces paraje casi deshabitado donde se levantaban las últimas casas del pueblo, separadas un centenar de metros del apeadero. No le sobraba el parné al trío, de modo que si encontraban algo a lo que poder echar el guante, no dudaban en cogerlo y desaparecer como alma que lleva el diablo. Próximo al riachuelo, divisaron un tendedero del que colgaban dos enaguas y siete sábanas, en menos que canta un gallo se apropiaron de los enseres poniendo pies en polvorosa tomando el primer tren que pasaba. Descubiertos por los dueños, que intentaron alcanzarles sin éxito, cursaron la correspondiente denuncia ante el sargento de la Guardia Civil, identificando con pelos y señales a los torerillos mangantes. El destino quiso que una pareja de la Benemérita que viajaba en el convoy advirtiera los gritos de auxilio, iniciando una persecución a lo largo de los vagones, localizando a los cacos, pero antes de entrar al túnel de Gudillos, saltaron dándose a la fuga. Se dio parte a toda la línea, poniendo en alerta a los destacamentos de la zona sin obtener resultados positivos, los delincuentes parecían haberse esfumado sin dejar rastro alguno.

Comienzan las investigaciones
 
Como se solía poner de coletilla en las columnas de sucesos “el juzgado entiende del caso”. Lo que significaba que el juez tomó declaración a las víctimas del hurto, Pascual García Valencia, Simón Llorente García, Pilar Agulla Herrero y María Huertas acompañados del suboficial Francisco Estévez Guerrero y el agente Francisco Bajo Ballesteros. En el momento de la descripción del material sustraído, las féminas sufrieron un acceso de rubor al nombrar las enaguas, lo que produjo un incómodo silencio en el despacho, cortado hábilmente por el secretario que formuló una pregunta que no venía al caso, salvando así tan comprometido instante. Posteriormente se pasó a identificar a los rateros que resultaron ser Arsenio Lavín Lezcano, Pablo González Ortiz y Julián Ortiz domiciliados en Santander, dedicados a las capeas... y a rapiñar lo que se terciaba. Al finalizar el acto se dictó orden de busca y captura contra los ladrones, veremos qué ocurrirá.

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Prófugos
 
Pasó el tiempo, es decir, se cumplieron tres años desde que se iniciaron las diligencias. Los avances fueron escasos y sin visos de progresar, por lo que se decidió juzgar en rebeldía a los tres pájaros que seguían en paradero desconocido. El 4 de mayo de 1914 se reúne el Tribunal Municipal de El Espinar compuesto por el magistrado D. Narciso Megía y Megía con los adjuntos D. Teodoro González Corredera y D. Isidro Yagüe del Pozo. Comenzó la sesión con la exposición de los hechos para continuar con el capítulo de resultandos y considerandos.
 
1º Resultando: Que el referido día 16 de agosto de 1911, y según consta en el atestado reproducido en estos autos por el sargento de la Guardia Civil de San Rafael, tuvo éste noticias de que habían sido hurtadas nueve prendas blancas a los vecinos del barrio del apeadero de aquella población Pascual García, Simón Llorente, María Huertas y Pilar Agulla, quienes identificaron a los tres ladrones. A lo largo del tiempo se ha podido saber que dichos personajes son Arsenio Lavín, Julián Ortiz y Pedro González, domiciliados en Santander, calles Daoiz y Velarde número 9, Rúa Menor número 22 y Cuesta de Givaja número 22 respectivamente.

2º Resultando: Que llegado el día de hoy, y siendo la hora señalada para la celebración del juicio de faltas constituido en legal forma el Tribunal, han comparecido los denunciantes sargento Francisco Estévez y guardia Francisco Bajo de San Rafael y Campo Azálvaro, respectivamente, no habiéndolo hecho los denunciados, no obstante la citación en el periódico oficial de la provincia, por cuya razón el Tribunal acordó continuar el acto oyendo a los denunciantes y en rebeldía contra los denunciados con arreglo a lo dispuesto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
 
3º Resultando: Que dada lectura del atestado reproducido por el jefe del puesto de San Rafael ya citado, que forma parte de estas reproducidas diligencias, por los denunciantes que  han expuesto que se ratifican en su contenido, sin que tengan más que añadir ni quitar, manifestándose que el día 16 de agosto de 1911 tuvo noticias el sargento denunciante que habían sido hurtadas nueve prendas blancas a los vecinos de San Rafael.

4º Resultando: Que con vista de todas las diligencias, y de las manifestaciones que en las mismas aparecen hechas por los denunciantes  por lo que se acredita ser cierto el hecho denunciado, el señor fiscal emitió su dictamen manifestando que el hecho constituye la falta penada en el artículo 606 del Código Penal, toda vez que según aparece en las diligencias reproducidas por este juzgado, en la tasación prudencial hecha por los peritos de las ropas objeto del hurto que se juzga, han sido valuadas en cinco pesetas, y procede le sea impuesta a los denunciados la pena que dicho artículo señala en su grado medio, y toda vez que los perjudicados han renunciado a la indemnización de perjuicios, deben ser castigados no obstante a la multa del tanto del daño, a tenor de lo que dispone el 609 de dicho cuerpo legal. Declarándose rebeldes con arreglo a la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Considerando: Que ofrecido el procedimiento a los perjudicados, éstos han renunciado a la indemnización de daños y perjuicios que a ellos mismos les fueron ocasionados, como así mismo a que les restituyan las expresadas prendas con absoluto perdón de todo lo que a ellos pueda referirse.
 
Considerando: Que el valor de las prendas objeto del hurto asciende a la cantidad de cinco pesetas, según la tasación pericial que prudencialmente se ha verificado de ellas, vistos los artículos primero, quinto, seiscientos seis y seiscientos diecinueve del Código Penal y los artículos ochocientos treinta y cuatro y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, conformándose este Tribunal con el dictamen del fiscal.

Fallamos: Que debemos condenar y condenamos a Arsenio Lavín Lezcano, Pedro González Ortiz y Julián Ortiz Caballero como autores del hurto en rebeldía, a la pena de doce días de arresto menor, relevándoles de la indemnización que como valor de las ropas objeto del hurto, habían de abonar a los perjudicados por haber renunciado éstos a ella, condenándoles también a la multa de cinco pesetas como tanto de valor de lo hurtado, quedando también condenados a satisfacer las diez pesetas de multa por la no comparecencia ante este Tribunal, cuyas responsabilidades harán efectivas en papel de pagos al Estado y a las costas y gastos de este juicio y reintegro del mismo. Así por esta nuestra sentencia que será notificada personalmente a los denunciantes en sus domicilios y publicada su parte esencial y dispositiva en el Boletín Oficial de la provincia, para que sirva de notificación a los condenados.
 
Pronunciamiento: Dada y pronunciada la anterior sentencia por el Tribunal Municipal que la suscribe estando celebrando audiencia pública en el día de su fecha por ante mi el secretario de El Espinar, a 4 de mayo 1914. Lo que se hace público por medio del presente, para conocimiento y notificación a los denunciados condenados en rebeldía, a los efectos consiguientes
 
El Espinar, 7 de mayo de 1914, el juez municipal Narciso Megía y Megía

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Y de ellos nunca más se supo
 
Es de sospechar que los requerimientos cayeron en saco roto, da la impresión de que no intimidaron a los buscavidas que posiblemente hasta pudieron huir a otro país. En definitiva, los afectados se quedaron compuestos y sin pertenencias.
 
El fondo de todo este folletín nos lleva a una conclusión que ya reseñé al comienzo. Actualmente no hay día en que falten noticias de actuaciones ilícitas que  se superan. Corrupciones, estafas, prevaricaciones y un largo etcétera de delitos que colapsan juzgados generando situaciones impensables. ¡ Qué lejos queda aquella cándida época en que por robar unos refajos se formaba un tribunal y se movilizaba a  media Guardia Civil !
 
   
                                                                                                                Fuentes consultadas
                                                                                                              Archivo Histórico BOPS

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