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Flores y espinas

Luis López Rodríguez 14 de noviembre de 2020 Por Luis López Rodríguez
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El 2020 es un año de espinas que está desarbolando a la sociedad con familiares y amigos que van quedando en el camino. Desde luego, seis muertes en mi familia dibujan un año cruel. 

José Cortés falleció en Valencia hace pocos días. Un hombre culto. Un librepensador que familiarmente ha dejado un enorme vacío pero que, con su muerte, también ha entregado un legado de sonrisas en un año de lágrimas. Ha donado sus órganos y eso hará que su vida –eso quiero pensar- se extienda más allá de la muerte. Según los médicos, su donación ha salvado la vida de personas para las que, sin duda, el 2020 será un año de alegría y de optimismo. Lo sé bien porque cuando hace años Gloria recibió esa llamada para anunciar que tenían un riñón compatible con ella y que el trasplante era inminente, su sonrisa regresó. Un desconocido le había regalado vida. 

Hoy José, e Isabel con su decisión, han llenado de esperanza el corazón de personas que jamás conocerán. Es una decisión durísima; lo pude sentir cuando la familia de mi añorado “Pebels” tuvo que atravesar ese desierto doloroso. Entonces admiré su entereza y su generosidad. Y ahora vuelvo a hacerlo.  

La alegría va por barrios y de nosotros depende dejarnos arrastrar únicamente por el desaliento. Todo, incluso la tristeza que anida en el corazón, tiene un lado positivo. Quiero pensar que de algún modo siempre existe un equilibrio entre las flores y las espinas. 

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