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Un año robado

Juan Andrés Saiz Garrido 12 de noviembre de 2020 Por Juan Andrés Saiz Garrido
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No hay actividad en mi pueblo que no esté contaminada por esta pandemia. Como un vendaval que no enseña su fin, se ha llevado por delante muchas cosas y también nuestras emociones colectivas. Repaso en el calendario las ausencias de las Semanas Culturales de San Eutropio y de La Estación, los conciertos de la Banda de Música, el 50 aniversario de la Asociación de Jóvenes, las verbenas de las fiestas, la llegada del Caloco al Portalón… 

Personalmente, lo que más me duele es haberme perdido la magia de ver crecer a mis nietos con sosiego, día a día.

Además, en estos meses han ocurrido demasiadas desgracias que aún tenemos dentro, sin digerir. Los días han seguido cayendo y ahora nos damos cuenta que muchos de nuestros seres queridos y cercanos ya no están aquí, ni lo van a estar nunca. No hemos podido ni despedirnos de ellos. Tampoco estoy seguro de que puedan volver los empleos y proyectos empresariales perdidos. Y no vale con decir que el año que viene nos desquitaremos, porque lo que se va nunca vuelve. Siento que estamos ante un año robado, imposible de recuperar.

Prefiero trasmitir desde aquí mis emociones optimistas a mis vecinos, ese es mi deseo, pero según avanza este año robado noto el desaliento. Necesitamos recuperar la ilusión, aunque para eso necesitamos alguna realidad, no bastan los buenos deseos.

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