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Mafalda se quedó huérfana

Javier de la Nava 19 de octubre de 2020 Por Javier de la Nava
quinomafalda
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Cerca de cumplir los sesenta años, la niña (siempre será una niña) inconformista, sabia y respondona ha perdido a su progenitor.  Joaquín Salvador Lavado “Quino” falleció el pasado 30 de septiembre. 

Tuve la fortuna de conocerle y hablar con él varias veces en conversaciones cortas, con   sus frases telegráficas, pero notaba, al menos me lo parecía, que me mostraba afecto. Me contó que quiso ser dibujante cuando un tío suyo, andaluz como su padre, para entretenerles a él y a sus hermanos les hacía dibujos. Quedó maravillado con las cosas que podían salir de un lápiz. Empezó Bellas Artes y aunque no llegó a terminar, adquirió los conceptos básicos del dibujo y de las proporciones.

Visité a Quino y a su esposa, Alicia Colombo, en su piso de Madrid. Lo compraron y utilizaron durante sus estancias en España. La última de ellas, con motivo de la entrega en Oviedo del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014. Ya se movía en silla de ruedas y padecía problemas de visión.  En 2006 había dejado de dibujar regularmente. En 2019 estaba casi ciego. En una de sus frases lapidarias me dijo “No me ha ido mal, pero he tenido mala pata con la salud”. Se emocionaba con el flamenco “es algo que siento como hormiguitas dentro de las venas”.

El dibujante deja tras de sí lecciones vitales a través de reflexiones, comentarios e incómodas preguntas difíciles de responder. Como dijo Mafalda “Al final, ¿cómo es el asunto? ¿uno va llevando su vida adelante o la vida se lo lleva por delante a uno?”

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