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50 aniversario del Instituto Maria Zambrano

Cultura 11 de agosto de 2020 Por Vera Morcillo
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Diseño original del logo del IES María Zambrano

Como bien dicen, lo más difícil siempre es empezar. Supongo que si hablamos del instituto no es diferente. Bajar del autobús y ver cómo cientos de rotuladores permanentes se abalanzan sobre ti, seguir las indicaciones que previamente te había dado tu hermano mayor para encontrar tu clase, aprenderte 28 nombres sin ser consciente de que la mitad son apodos... Pero basta con probar los bocadillos de Gema para que comiences a sentirte como en casa. Después de esto ya no hay vuelta atrás, bienvenida al que siempre será tu instituto.

Comenzarás entablando conversación con los que hoy en día son tus mejores amigos. Da igual que sean del grupo A o del D, siempre habrá una excursión a El Escorial, una actividad del equipo de mediación o la charla de una escritora donde os reunáis en la sala de “usos múltiples”. Asume que no a todos les gustará estudiar, no pasa nada, siempre podrás cruzar al poli a saludar. El resto de compañeros estarán ahí cada día para prestarte el libro de Matemáticas, compartir la bolsa de pulpos y explicarte los ejercicios de vectores. Esto no se reduce al pueblo, también harás amigos en Alemania y seguirás en contacto con la mayoría de ellos; es más, volveréis a veros. Actualmente, sigues pensando que las dos semanas de intercambio han sido de las más divertidas de tu vida. 

Poco a poco irás conociendo a los profesores que, sin darte cuenta, te harán ser quien seas en unos años. Como pasa con lo bueno, te acostumbrarás rápido a ellos, pero cuando no estén, crearás un hashtag para mantenerles informados de cualquier cambio del centro. Un estudio de la evolución de la obra de Velázquez. Un debate sobre Aristóteles. Un comentario de texto de Rosa Montero. Una visita al Thyssen. Una pizarra llena de grupos de música. Un proyecto de SketchUp. Una visita guiada por la Catedral de Siena. Un audio de Homer Simpson. Un estudio de la luz en el laboratorio. Un diagrama de fuerzas con flechas de colores. Cientos de actividades que cobrarán sentido con el paso del tiempo y definirán tu camino de manera inesperada. ¿Quién me iba a decir que después de seis años cambiaría la calculadora por los pinceles? Ni siquiera me hubiera planteado esta pregunta hasta que apareció Auxi proponiéndonos pintar un mural para resaltar las papeleras y Amara enseñándome la obra de Zaha Hadid. Tras aquella propuesta y un par de proyectos más, aquí estoy, metida de lleno en el mundo del arte.

Afortunadamente, por encima de cualquier conocimiento académico, en este instituto se destaca el crecimiento personal de cada uno de nosotros. Amara no se equivocaba cuando nos recalcaba la importancia de la inteligencia emocional; pues, como bien nos dijo Jorge, ¿de qué sirve todo lo demás si no se es buena persona? Nos enseñó a entrar en cada clase con una sonrisa, siempre éramos “bien, bien, bien, bienvenidos” si teníamos ganas de aprender. Curso tras curso, hicimos nuestra esta filosofía: nos pasábamos los recreos en el laboratorio probando los experimentos de Plácido, pintando murales con Auxi o resolviendo nuestras dudas existenciales con Sergio. 

Durante los seis años que vives en el ÍES María Zambrano se suceden profesores, excursiones y amigos, muchos amigos. Te repites una y otra vez lo mucho que desearías poder reunir a toda esa gente y rememorar las historias compartidas. Tranquila, ese día llega antes de lo que esperabas... Lo llamareis ‘graduación’. Quiero pensar que hicimos algo bien los más de 50 que dejábamos el instituto ese día, pues dudo que fuera casualidad que aquella noche vinieran profesores que hacía cinco años que no veíamos o que solo conocíamos de los pasillos. Desconozco el porqué, pero los lazos que se crean en este centro son mucho más fuertes de lo que se pueda contar. 

Antes de terminar, no puedo evitar hacer mención al logo del centro en este 50 aniversario. Probablemente haya mil maneras de dejar huella en el instituto, pero no se me ocurre ninguna más original que diseñar parte de su imagen y pintarla en la fachada principal.  Gracias por confiar tantísimo en nosotros. Nos vemos pronto.

Vera Morcillo, exalumna del centro.

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