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Familiares de personas desaparecidas

Consuelo Cuenca 10 de junio de 2020 Por Consuelo Cuenca
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Centro Avanti

Aquellas personas que viven la desaparición de un ser querido se caracterizan por sufrir una situación aguda de estrés, que se suma al reto emocional de enfrentarse a  la incertidumbre de no saber nada de él/ella durante un largo periodo. 

En 2009, el Consejo de Europa consideró a la persona desaparecida como “aquella persona ausente de su residencia habitual sin motivo conocido o aparente, cuya existencia es motivo de inquietud o bien que su nueva residencia se ignora, dando lugar a la búsqueda en el interés de su propia seguridad y sobre la base del interés familiar o social”. Definición en la que tienen cabida una gran variedad de motivos por los que las personas pueden encontrarse ausentes, así como el reconocimiento de un interés legítimo para ser buscada (familiar, social y/o a favor de la propia seguridad).

Las personas desaparecidas son contempladas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad como aquellas personas de las que no tienen ningún tipo de noticias sus familiares, amigos y conocidos. Esta postura facilita la denuncia de la desaparición desde el primer momento en que una persona tengas sospechas sobre la misma. En aquellas situaciones en las que la persona desaparece sin un motivo aparente, el familiar tiende a configurar una “realidad probable”.  

Las desapariciones se pueden clasificar como voluntarias o involuntarias. Las desapariciones voluntarias se pueden llegar a asociar a distintas situaciones como un cambio de residencia y no avisar de ello, alejamientos voluntarios del entorno, escapadas de menores, huida ante una reclamación económica /jurídica, etc. Las desapariciones involuntarias se pueden desarrollar por elementos cirscunstanciales, un ejemplo de ello es la desaparición accidental puede ser algún caso de adulto mayor que padece Alzheimer que se desoriente y deambule sin ser totalmente consciente del lugar por el que camina. La desaparición forzada suele surgir en un entorno delictivo o altamente conflictivo como la sustracción parental, expulsión del hogar de un menor o persona con discapacidad...

Los motores de búsqueda más inmediatos son la incertidumbre sobre el estado del ser querido, los supuestos sobre el futuro a corto plazo y el despliegue del proceso de las emociones relacionadas con el suceso.  En esta etapa inicial, es prioritario el apoyo a la familia por parte de todos los profesionales implicados en el caso. Se trata de favorecer su funcionalidad, resistencia y resiliencia ante las difíciles circunstancias que han de vivir, así como si hubiera un resultado poco satisfactorio durante o después del proceso de búsqueda.

La Psicología de Emergencia en España se viene desempeñando de forma útil en el campo de trabajo de la desaparición. Se caracteriza por un abordaje proactivo, preventivo y orientado al desarrollo de la resiliencia del familiar.

Desde la Psicología no se pretende que el familiar aprenda a vivir sin su ser querido, sino que pueda aprender a vivir buscándole de forma proporcionada. Posteriormente, en función de los hechos acontecidos, el trabajo del psicólogo/a será prepararle para aceptar la pérdida o el deseo del desaparecido/a de no querer mantener ningún tipo de contacto con el familiar.

El modelo de afrontamiento resiliente ante la desaparición de un ser querido requiere considerar las diferentes etapas  de la desaparición como la conciencia de la misma, su búsqueda y localización; los distintos tiempos y desenlace del caso; las diferencias individuales  a la hora de afrontar el acontecimiento y la funcionalidad de la persona que sufre.

El final de la búsqueda policial viene dado ante la localización de la persona desaparecida con vida o el hallazgo de sus restos, sin embargo puede llegar a no cerrarse el caso. La investigación puede permanecer abierta respecto a las pesquisa de las causas, determinación del delito, localización de culpables, etc. Esta situación hace que los familiares perciban que  cierran un proceso emocional caracterizado por la incertidumbre respecto al ser querido; sin embargo, se abre el camino hacia la elaboración de la nueva situación y de las condiciones físicas y psicológicas en las que se encuentra su ser querido tras ser encontrado.

El apoyo psicológico a los familiares de una persona desaparecida favorece una disminución de los niveles de estrés, y síntomas de ansiedad y depresión que suelen presentar ante la desaparición y en los momentos de la búsqueda. 
Algunos familiares pueden llegar a presentar el llamado  “duelo suspendido”, configurado por alteraciones que bloquean el procesamiento de una pérdida dolorosa como ocurre en el fallecimiento de una persona querida; por lo tanto, surge la crisis emocional. Se caracteriza por respuestas psicoemocionales de dolor, incomprensión ante la desaparición, ansiedad, irritabilidad, tristeza, fatiga, dificultades del sueño, pérdida del apetito y/o sentimientos de culpa y miedos sobre todo porque no tienen la certeza de si su familiar permanece con vida, cuánto tiempo tiene ha de transcurrir para encontrarle y cómo se encontrará…

Ante la desaparición de un adulto, es conveniente proporcionar a los menores una información concisa y apropiada para su edad, además de evitar mentirles. El que sean de menor edad no le hace ser indiferentes a la situación; por ello, se hace necesario hablar de ello con el fin de reducir sus preocupaciones para que puedan entender y reaccionar lo más adecuadamente a los mensajes sobre lo que sucede que derivan del entorno, escuela, medios de comunicación.
En aquellos casos al encontrar a la persona desaparecida con vida se facilita su reintegración al sistema familiar. En ese momento, algunos familiares creen que volverá la normalidad; sin embargo, el malestar emocional persiste a pesar conseguir un rendimiento personal y laboral similar al mantenido antes de la desaparición. En ocasiones, las experiencias vividas por la persona desaparecida y el tiempo que trascurre puede haber generado cambios, tanto en el desaparecido como en sus familiares y entorno, exigiendo un alto índice de adaptación entre la persona reencontrada y su entorno socio-familiar. Un ejemplo de ello, es cuando a una persona se le ha declarado legalmente fallecida  (sin cuerpo) y los familiares han tenido que aprender a gestionar sus vidas, patrimonios y responsabilidades. 

En aquellos casos, en que la persona desaparecida contra su voluntad que ha sido engañada, violentada o abusada de forma física, psicológica o sexual, con alta probabilidad necesitara  atención médica y/o psicológica,  tanto para la víctima como para los familiares. Un ejemplo de ello es aquella persona que ha permanecido integrada en una secta con “ lavado de cerebro”o víctimas de comercio humano, donde sufren sometimiento, persuasión coercitiva, violencia o uso de sustancias drogodependientes.
En aquellos casos, que se encuentra el desaparecido sin vida, el familiar elimina toda  esperanza y esfuerzo por encontrarlo. Ese momento tan duro y temido de duelo  se ha de encaminar hacia la adaptación a la vida sin la persona querida.

Ante un hecho que esté relacionado con la desaparición de un familiar, persona cercana o conocido, no dude en comunicarlo lo antes posible ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

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