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Abrazos perdidos

Juan Andrés Saiz Garrido 09 de junio de 2020 Por Juan Andrés Saiz Garrido
Tía Marga café
Tía Marga café

El Espinar de cerca

Quiero recuperar los abrazos perdidos de mis nietos a la salida del cole, cuando Damián me divisa y grita: ¡Abuelo! Los de mis hijos y mi hermano, que ya no me necesitan, pero yo a ellos sí. Los de los amigos de Tatán, cuando comparten cervezas y afectos en la puerta de la Bodega, y me hacen señas para que baje.

Necesito unirme en el dolor a la tía Marga, a Merche, Cari, Ana, Elena, Amparo, Mercedes, Feli, Inma, Rocio, Marcelo y todas las personas cercanas que han perdido parte de su vida en este infierno.

Debo reencontrar los abrazos de mis “quintos” y amigos de la niñez que solo vuelven al pueblo en septiembre, cuando baja el Caloco; y luego, sumarme a la gran rueda de esa Respingona que enlaza la plaza del Ayuntamiento con la Corredera, y al anillo humano que rodea al Teo, para reforzar el compromiso de convivir con mis iguales.

Quiero agarrarme a los pinos que alumbran nuestro camino, después de sobrevivir a mil plagas, pues estaban aquí antes de que llegara el primero de nosotros, hace siglos, y aquí siguen.

Necesito abrazar a mi gente en la paella que cada fin de curso preparo en el garaje de los autocares; y en ella celebrar que Ana, la hija enfermera de Marimar, consiguió vencer al virus, tras dura batalla, y también llorar la muerte de Alejandro, que durante doce años fue nuestro compañero.

Quiero recuperar estos y otros muchos abrazos perdidos, que esperan en mi memoria y en mi corazón. Todos están vivos.

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