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"Cartas olvidadas"

Jesús Vázquez Ortega 08 de junio de 2020 Por Jesús Vázquez Ortega
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Rosa se presentó en la estafeta de La Estación de El Espinar visiblemente preocupada para interesarse por una misiva que esperaba desde hace tiempo. Cada mes, su hijo Juan, que había marchado a Venezuela en busca de una vida mejor, la enviaba un dinero, las cosas le iban bien, de modo que podía ayudar a su madre, viuda con pocos recursos. Para su desgracia, una vez más tuvo que volver a escuchar la misma frase de ocasiones anteriores, “no hay nada”.  Desanimada, regresaba a su casa pensando por qué aquellas cartas habían dejado de llegar. Mariano (nombre ficticio) cartero del pueblo, hombre de carácter hosco, poco hablador, aducía “yo no sé nada señora, yo reparto lo que me dan, a lo mejor a su hijo le ha pasado algo”. Rosa no tenía noticias de su vástago desde enero de 1934, hacía cuatro meses que ignoraba lo que podría ocurrir, su angustia aumentaba ¿sería verdad lo que decía el cartero?

Mariano el huraño

Mariano fue persona poco apreciada en la Estación de El Espinar, carecía de amigos, poseía un carácter irascible y tenía gran afición por el vino. De aspecto desaliñado, cada jornada hacía el recorrido entregando el correo a su antojo, en aquella época la población era pequeña por lo que no debía hacer grandes recorridos, en los que no faltaban algunas visitas a la taberna. Cuando finalizaba, marchaba a la casa que compartía junto a su madre, a veces sin haber completado el reparto. Los vecinos habían presentado quejas al respecto de su comportamiento sin obtener más que alguna advertencia del jefe de Correos de El Espinar, a quien no parecía importarle el comportamiento de su subordinado.

Así transcurría la vida de este funcionario, sin más preocupaciones que la de tener que madrugar y realizar a medias su trabajo entre chato y chato, sin nadie que le metiera en vereda, hasta que cierto día alguien denunció aquella flagrante desi­dia.

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Un error fatal

Un 7 de septiembre del 35, la señora Amparo Cordero envió un giro postal de 125 pesetas a doña Juana Cañizo, residente en Mugardos, municipio de La Coruña. Mariano recogió dicha transferencia y la guardó en su cartera. Allí quedó como otros tantos papeles, esperando ser expedido hacia su destino, ignorando que aquel documento marcaría el resto de su existencia. Pasó el tiempo, y la receptora del giro reclamó el dinero que no llegaba, poniéndose en contacto con la oficina de El Espinar. Esta vez el responsable hubo de iniciar la pertinente indagación citando al repartidor para que aclarara aquel asunto que revestiría consecuencias muy serias. Iniciadas las averiguaciones se pudo esclarecer que el envío no se había realizado hasta mucho tiempo después, simultáneamente pudo ratificarse lo que era un secreto a voces, tras presentarse en la casa materna una inspección provincial de Correos, que encontró amontonadas decenas de cartas pendientes de enviar, una falta muy grave que deparó a Mariano la suspensión precautoria de empleo, abocándole en el futuro a un juicio por dejadez en el desempeño de sus funciones.

El tiempo transcurría, Mariano oficialmente aún ostentaba la plaza, su impresión era que todo aquel asunto había caído en el olvido, a pesar de haber sufrido un año antes la supresión de empleo y sueldo durante un mes por el mismo motivo, pensaba que todo quedaría en otro apercibimiento  más...pero esta vez las cosas presentaban un cariz muy diferente. Llegó el frío febrero de 1936, y con él la comunicación de la suspensión en el ejercicio de su cometido. Días más tarde se le notificó la citación judicial remitida desde un juzgado de Madrid para informarle de su comparecencia ante un tribunal dos semanas después. El cartero por primera sintió una amarga sensación que jamás había experimentado, intuía que aquello no auguraba nada bueno, de modo que esas dos semanas pasaron como un infierno pavoroso mitigado con el alcohol, un remedio que le alejaba de la realidad transitoriamente. En esta ocasión su superior se desentendió, dejando al infeliz abandonado a su suerte.

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Juicio y sentencia

Inexorablemente avanzaban los días, hasta que llegó el que daría un cambio de dirección a su vida, a partir de aquí ya nada sería igual. A la hora indicada Mariano, que para la ocasión lucía sus mejores galas, hizo entrada en aquel salón frío y gris. Su mente no estaba allí, con miedo ocupó el lugar que el ujier le señaló. El juez comenzó a describir las negligencias que constaban en el expediente, Mariano continuaba ausente, poco a poco comenzó a ser consciente de la trascendencia de su insensatez.

El fiscal pasó a describir las infracciones que se le imputaban, para finalizar pidiendo la separación definitiva del cuerpo de Correos. A continuación, el magistrado procedió a escuchar al abogado defensor, cuya exposición no convenció. Se preguntó al encausado si tenía alguna alegación que hacer, el cartero contestó que su madre se encontraba enferma y por tal circunstancia debió suspender algunas entregas, pero de poco le sirvió el argumento, pues la investigación fue exhaustiva y no reflejaba nada al respecto, lo que hizo derrumbarse a Mariano, que se veía cayendo por un abismo sin fondo. El proceso quedó visto para sentencia, que sería dictada el 20 de marzo de 1936. La condena fue publicada cinco días después, en una larga sucesión de faltas y considerandos que a renglón seguido se detallan.

“Resultando que  por los hechos reseñados se formuló pliego de cargos al cartero Sr. Mariano G (omito el apellido) quien alegó que, debido a encontrarse su madre gravemente enferma y llevar varias noches sin dormir ni desnudarse, se olvidó de hacer entrega en la oficina del citado giro.”
 
“Resultando que fueron informadas las diligencias por el señor administrador de El Espinar en el sentido de considerar al señor G responsable de falta muy grave, que debía corregirse con la separación, y que elevadas las mismas a la aprobación del Sr. administrador de Segovia, éste emitió informe de conformidad con lo propuesto por el subalterno de El Espinar. Resultando que el señor G fue corregido el 25 de julio de 1934 con suspensión de sueldo de treinta días por retraso en la formalización de giros.”

“Resultando que el Sr. director general de Correos acordó en fecha 13 de febrero pasado la suspensión provisional de empleo y sueldo del señor G.”
 
“Resultando que la Junta Informativa de Justicia, emitió dictamen en el presente expediente de conformidad con la propuesta del negociado de Justicia , en el sentido de considerar al señor G. responsable de falta grave, que debe ser corregida con la separación”.

“Considerando que los hechos probados, de los que es directamente responsable el cartero rural del barrio de la Estación de El Espinar, D. Mariano G. afectan a la probidad del funcionario y como tal están definidos en el inciso octavo del artículo 55 del reglamento orgánico, pues su actuación es contraria al significado y valor del expresado concepto, que supone hombría de bien, honradez e integridad en el obrar”
 
“Considerando que las razones aducidas en los descargos por el señor G. no son admisibles, pues además de no haber interrumpido su servicio con motivo de la enfermedad que dice padecía su madre, no le sirven tampoco de excusa, toda vez que tenía la obligación de entregar el correo y los correspondientes informes en la oficina para su conocimiento”.

“Considerando que se recoge en el informe del instructor el estado de opinión en la barriada de la Estación de El Espinar, contrario a la continuación del citado cartero en su puesto, pues origina desconfianza entre los usuarios, desconfianza que precisa cortar de raíz por el buen nombre y crédito del servicio”.
 
“Considerando que las presentes diligencias se instruyeron como consecuencia de hechos análogos a otros ya sancionados con anterioridad, que no han producido efecto alguno en el citado cartero, y que no obstante los apercibimientos de que ha sido objeto reincidió en los mismos, por lo que se precisa en atención a lo expuesto, corregir el caso presente con el máximo rigor”.

“Considerando que no obstante determinarse en el artículo 60 del reglamento orgánico que los funcionarios incursos en faltas comprendidas en el inciso octavo del artículo 55 serán castigados siempre con la separación, el 61 prescribe que la reincidencia en falta ya corregida será castigada con la pena superior inmediata, y en el caso presente es la separación, pues las postergaciones no tienen efecto en los agentes rurales”.
 
“Este Ministerio, de conformidad con lo propuesto por el Negociado de Justicia y la Junta Informativa, ha tenido a bien disponer que se considere al cartero rural de la Estación de El Espinar, en situación de suspenso de empleo y sueldo D. Mariano G., responsable de una falta muy grave del apartado octavo del artículo 55 del vigente
reglamento orgánico, que se corregirá, de acuerdo con lo determinado en el artículo 60, con la separación del servicio, confirmándose la suspensión preventiva de empleo y sueldo en que se encuentra”.

Lo que participo a V.I. Para su conocimiento y efectos. Madrid 16 de marzo de 1936
 
 P.D.
B. Giner de los Ríos
Señor Director General de Correos

Hasta siempre
A las pocas fechas, madre e hijo abandonaron el pueblo con rumbo desconocido, nadie les despidió, se marcharon sigilosamente para evitar ser blanco de miradas y comentarios. El día de su partida,  a mediados de abril, fueron vistos en el andén del ferrocarril con un par de maletas, en las que portarían enseres y dolorosos recuerdos que, seguro, jamás borrarían de su memoria.
 
 
Basado en testimonios obtenidos en los años 80 entre miembros de la familia Zamorano, y algunos otros que optaron por el anonimato.

La documentación de la sentencia ha sido extraída del archivo de la BNE.

Jesús Vázquez Ortega

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