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¡Segundos fuera! (I parte)

Escriben - Jesús Vázquez Ortega 06 de diciembre de 2021 Por Jesús Vázquez Ortega
En la década de los setenta, el municipio se convirtió en punto de referencia del boxeo profesional, adquiriendo una proyección global inusitada.
boxeo en las praderas
boxeo en las praderas

Todo ello tiene un origen con nombre y apellidos, Juan Calvo Ortega, el emprendedor inmobiliario que concibió una nueva forma de promoción apostando por el deporte que más controversias genera a la vez que mayor expectación produce.

Un ring en San Rafael
 
Efectivamente, a finales de 1970 Juan decide llevar a cabo una estrategia de marketing hasta entonces poco ensayada, dar a conocer el conjunto residencial Las Praderas a través de proyectos novedosos como la ampliacion de la urbanización en una nueva fase, un club social de lujo...y la idea de dotar al complejo de un gimnasio único por sus características. Para ello no repara en gastos y diseña una instalación equipada de todo lo necesario con el objeto de reunir a afamados púgiles que entrenen allí antes de sus combates. Aunque resalta una de las figuras del momento, Goyo Peralta, también Miguel Velázquez, Dum Dum Pacheco, Jorge Fernández, Héctor Nesci, Carlos Capella, el boxeador que terminó siendo masajista de Boca Juniors y, ocasionalmente el propio Pedro Carrasco, “hicieron puños” sobre la tarima de aquel recinto exclusivo, donde desde una pasarela superior se podían seguir los duros ejercicios de los deportistas, muchos de ellos alojados junto a sus familias en pisos del bloque 19. No había día en que faltaran reporteros de la prensa especializada, seguidores y curiosos, algunos ansiosos por obtener un autógrafo. Recuerdo que una tarde en la que subí a verlos, me apoyé en la barandilla que te separaba de la luna instalada a efectos de observación. Peralta, un peso pesado atípico por su agilidad, saltaba a la comba salpicando de sudor el parquet, al fondo, Velázquez golpeaba el punching ball con una cadencia constante, creía estar en una tribuna del mismísimo Madison Square Garden. A partir de aquel día comencé a interesarme por un espectáculo desconocido para mí, y de igual modo a seguir con un interés pasmoso las retransmisiones, algunas disputadas de madrugada, aunque reconozco que no soy experto en la materia.

La fiebre del boxeo
 
Pienso que no soy el único influido por el acercamiento desbordante de este deporte a nuestro pueblo, en muchos establecimientos se podían observar fotografías firmadas por las estrellas del firmamento boxístico que calaron profundamente entre la población. Poder ver en persona a los astros de la disciplina era un lujo para todos.

Meses después, en el otoño de 1971, puso la guinda al pastel el choque entre dos trenes de la categoría. Goyo Peralta y José Manuel Ibar “Urtain” se cruzaban en el Palacio de los Deportes de Madrid, en una pelea organizada por la sociedad que formaban Luís Bamala y su yerno Miguel San Román, ex portero del Atlético de Madrid. Algunos aficionados de San Rafael tuvieron el privilegio de asistir al evento como invitados en primera fila, donde se escuchaba el sobrecogedor impacto de los golpes que intercambiaban los púgiles a lo largo de un combate programado a diez rounds. El de San Juan, más dinámico llevó la batuta del enfrentamiento, hasta que en el octavo asalto se decretó la victoria de éste por KO técnico, el Morrosko acusó el castigo al que le sometió el oponente. La pelea tuvo una repercusión mediática que traspasó nuestras fronteras originando ríos de tinta en los tabloides especializados así como en emisoras de radio y televisión. El nombre de Juan Calvo y San Rafael sonaban a nivel internacional.

Urtain y Goyo Peralta

La anécdota
 
Durante su estancia, la gente de mi generación compartimos clase con los vástagos de los boxeadores. Andrés, el primogénito de Goyo Peralta era un chico grande, fuerte y “muy argentino”. Cierto día, en el recreo, coincidimos en el patio de la escuela con él y el hijo de uno de los sparrings, natural de Colombia. Una chispa de enfado saltó entre ambos, que ni cortos ni perezosos se citaron en el cuadrilátero por la tarde. Desconozco si hubo algo más alrededor de aquel desafío, lo cierto es que pasadas las 18:00 horas los dos se calzaron los guantes. Andrés era corpulento, en tanto que su contrincante poseía una constitución fibrosa y más compensada físicamente...como se suele decir “era una máquina de repartir puñetazos”. El combate duró cinco asaltos, el argentino cayó dos veces, a la tercera se retiró. Desde aquel día mirábamos al moreno sudamericano como si fuera el campeón del mundo de los pesos escolares.

El fin de una ilusión
 
Desgraciamente, aquella época dorada llegó a su término. Tras un periodo de dos años, Goyo Peralta, buque insignia del pabellón, abandona España rumbo a Alemania donde pagaban más, separándose de su familia que se instaló en Alicante, jamás la volvería a ver. Juan Calvo, el hombre que logró materializar sus sueños, había fallecido un año antes, nunca pudo despedirse de aquel elenco boxístico que tanto nos trajo. Con su desaparición, el gimnasio de Las Praderas comenzó a languidecer hasta quedar en ruina y tomado por la humedad.

La sombra del diablo
 
La inercia de aquella experiencia fue imparable y tuvo continuidad unos años después. En 1976 el polifacético empresario José Luís Martín Berrocal, organiza una serie de veladas por la disputa del mundial de superligeros. El morbo estaba servido. Surgió un nombre, Saensak Muansouring “El Diablo”, un thailandés rocoso con una izquierda letal que provenía de la lucha Thai. Por entonces el campeonato lo ostentaba Perico Fernández, que puso en juego su cetro en Bangkok, cayendo por KO en el octavo asalto frente al asiático. Muansouring pasó a convertirse en una obsesión para los boxeadores nacionales de la categoría. El afán de tumbar al thailandés fue el objetivo de Miguel Velázquez, que se enfrentó a él en la misma ciudad el 30 de junio. El canario salió decidido a machacar a su oponente, pero sufrió muchísimo, nadie daba un duro por Miguel, hasta que en el cuarto asalto, Saensak cometió una acción antirreglamentaria, golpeó al español fuera de tiempo, lo que acarreó su descalificación, Velázquez recuperaba para España el título mundial.

Muansuring

Pero la rivalidad entre los púgiles no terminó ahí. El 29 de octubre se repetía la pelea, esta vez en el pabellón de los Hermanos Maristas de Segovia. Días antes todo el país estaba inundado de carteles y fotografías de los contrincantes. La ciudad atrajo a numerosos aficionados, y se acreditaron cuantiosos periodistas de todos los medios. La expectación alcanzó niveles desconocidos.

Llegó la noche y con ella el cénit de la emoción. Sonó la campana y dio inicio el show de Muansouring que desde el primer segundo encajó los golpes de Miguel, parecía crecerse con cada puñetazo bailando de un lado a otro, estaba tanteando al rival. Finalizó el primer round y volvió a sonar la campana que indicada el inicio del segundo asalto. Esta vez Saensak aguantó unos segundos, hasta que soltó su temible zurda que llevó al español a la lona dejándolo KO. El públicó increpó a Miguel Velázquez, pero ya no se levantó. La derrota fue dolorosa, tanto, que el canario decidió abandonar el boxeo, por su parte Muansouring declaró.

“Me ha decepcionado pues para mí ni ha sido campeón del mundo ni nada por el estilo. No ha aprendido nada desde el último combate en que nos enfrentamos. Yo no tengo rival en el mundo y no me desagradaría volver a boxear en España».

Agradecimientos       
Nacho Calvo González 
José Gamo Quintana   

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