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Castaviles, los judíos de El Espinar

El Espinar 07 de julio de 2021 Por Carlos Parrilla

 Pocas veces nos paramos a pensar qué impacto tuvieron a nuestra pequeña escala los descubrimientos, las revoluciones y los grandes hechos. Hace quinientos años los Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos que vivían en sus reinos ¿Qué supuso para El Espinar aquella decisión? En el año de 1492 unos 100.000 judíos cruzaron las fronteras del reino de Castilla camino del exilio y unos 10.000 más en Aragón. Algunos eludieron el exilio convirtiéndose en cristianos pero la mayor parte de la comunidad judía permaneció fiel y prefirió ponerse en camino dejándolo todo tras de sí antes que aceptar una fe ajena y quedar bajo el punto de mira de la Inquisición. Las consecuencias económicas, culturales y sociales de este éxodo fueron inmensas.

Al menos una familia

¿Hubo población judía en El Espinar? La contestación casi resulta lógica. En un pueblo próspero - gracias al comercio de la lana - y cercano a la ciudad de Segovia, donde existía una numerosa comunidad hebrea, necesariamente tendría que vivir alguna familia judía. En efecto la hubo, al menos una, los llamados Castaviles.

Más que un apellido, “Castavil” suena a apodo despectivo, seguramente así era. Poco sabemos de ellos, los escasos datos que poseemos nos los aporta un breve documento que se conserva en el Archivo de Simancas (RGS IX-1494-506). Los Castaviles de El Espinar, como todos los que sufrieron el decreto de expulsión, tuvieron que vender (o malvender) sus propiedades, ceder sus créditos y transformar toda su fortuna en letras de cambio por medio de banqueros extranjeros para poder llevarse consigo al menos una parte de cuanto poseían, ya que se les prohibió severamente sacar del reino oro ni plata. Entre los compradores de su patrimonio, en concreto de una finca, aparece Marina Fernández y su esposo, vecinos de Villarrobledo (Albacete). En lugar de pagar el precio fijado, 26.000 maravedís, se pactó que los compradores asumieran la deuda que los Castaviles tenían con otra judía de Segovia llamada “Alumbrosa”. Este nombre tan peculiar debe de referirse al linaje del rico segoviano Abraham Lumbroso, cuyo apellido todavía se conserva en la comunidad sefardí en distintas partes del mundo.

Pero no sólo los Castaviles traspasaron su deuda, también la acreedora cedió su derecho a dos castellanos, quizá conversos. Para enredar aún más la madeja, Alumbrosa “se tornó christiana” con lo que pudo escapar de la expulsión y recuperar la posesión de sus bienes. Al final, los albaceteños no sabían a ciencia cierta a quién debían pagar, aunque unos y otros se lo exigían.

Gracias a la peripecia de la finca y la deuda, nos ha llegado el testimonio de que en El Espinar habitaba al menos una familia judía y que sufrió la orden de destierro. ¿Qué fue de ellos? Muy probablemente se refugiaron en Portugal, como la mayoría de los hebreos segovianos, aunque apenas cuatro años después el rey portugués también les expulsó de sus dominios y hubieron de embarcarse de nuevo en busca de asilo.

Las deudas de los ganaderos

Aquella familia dejó su casa entre las lágrimas de unos y quizá el aplauso de otros, pero éste no fue el único efecto de la expulsión de los judíos en El Espinar.

En un documento fechado el 6 de noviembre de 1494 (RGS XI-1494-361), “el concejo, alcaldes, regidores e omes buenos del logar del Espinar” se dirigieron a la Cancillería de los Reyes Católicos para exponer la situación de “muchos vecinos del dicho lugar (que) debían algunas cuantías de maravedís” por préstamos con judíos de Segovia. “De las más de dichas deudas diz que son ilícitas e diz que sin oir a las personas que deben las dichas deudas y estando con sus ganados en Estremadura les haceis ejecución de sus bienes”. En efecto, la Corona terminó por apropiarse de los bienes y los créditos de los judíos expatriados, anulando muchas de las garantías del decreto de expulsión, de modo que los ganaderos espinariegos que debían a los prestamistas se encontraron en 1494 como deudores de la hacienda real, que no parecía tener muchos miramientos a la hora de embargarles los bienes. Por eso “Suplicaban e pedían les mandásemos (…) sobreseer la cobranza de los dichos maravedís fasta tanto las personas que deben las dichas deudas sean bueltos a sus casas con los dichos sus ganados, porque de otra manera diz que no se podría averiguar la verdat de lo que deben”. Gracias a la petición concejo se logró, al menos, aplazar los vencimientos y evitar los embargos de aquellos que pasaban el invierno con sus ovejas en las dehesas del sur.

Por último, en un segundo escrito del mismo año (RGS XI-1494-180) las autoridades municipales pidieron nuevamente a la Cancillería de los reyes que prohibiesen el cobro de derechos notariales en las subastas y ejecuciones de bienes de sus convecinos por deudas contraídas con los judíos de Segovia. Al parecer estos embargos eran frecuentes en El Espinar. De estos escritos se desprende que la comunidad hebrea de Segovia y seguramente del propio Espinar, estaba presente en los negocios y la concesión de créditos a los vecinos del pueblo y que su expulsión supuso una verdadera conmoción económica a todos los niveles, llegando incluso a empeorar la situación de los deudores.

Un lugar en la memoria

Unos abusaron de los caídos y se lucraron con su desgracia, otros vieron con buenos ojos la marcha de quienes, en su mentalidad, creían un peligro para la fe y algunos, quizá los menos, se apiadaron de los desterrados.

Las casas se quedaron vacías al tiempo que los caminos se llenaban de familias en busca de una patria nueva que los acogiera. En una de aquellas hileras de hombres y mujeres “desnudos, descalzos y llenos de piojos, muertos de hambre” marcharon los Castaviles de El Espinar. ¿Terminaron en Marruecos, Turquía, Italia, Flandes? ¿Acaso, como muchos, murieron en el camino? Ojalá que en algún lugar, sus descendientes sefarditas conserven aún la llave de una vieja casa que se alzó aquí mismo y guarden en la memoria poemas y canciones en castellano antiguo que hablen de su añorada tierra.

Con la perspectiva de los siglos, estos desdichados que salieron a la fuerza de El Espinar se merecen, al menos, unas pocas líneas para el recuerdo.

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