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Una forma de eternidad

El Espinar 03 de julio de 2021 Por Javier González López

Este último año y medio será por siempre recordado como una de las peores épocas de la historia de la humanidad. Son muchas las vidas que se ha llevado el virus y se llevará esta enfermedad que, salvo de edades cuando ha atacado con saña a nuestros mayores, no entiende de fronteras, razas, sexo o condición social.

El caso es que, de alguna manera, el virus está “ocultando” fallecimientos por otros motivos que, de otro modo, habrían estado largamente presentes en nuestro día a día y en nuestras conversaciones, pero que su incansable sed de protagonismo ha dejado en un segundo plano.

Sirvan estas palabras para honrar el recuerdo de todas ellas pero, especialmente, de dos personas que se marcharon de forma repentina e inesperada sin que mediara la COVID19, sino la mala fortuna combinada con la imprudencia humana. 

Mi tío Jesús, bellísima persona, el tío que siempre venía a tus cumpleaños y se reía más que tú cuando te hacía cosquillas, siempre dispuesto a una buena broma o a echarte una mano, apasionado del golf y de su familia. Un irresponsable lo mató en un accidente de coche, convirtiendo además la desgracia en tragedia, porque también se llevó por delante a Keku, su hijo, mi primo más querido. Keku, a pesar de las muchas dificultades que encontró en su vida, siempre fue la persona más tierna que he conocido, cariñoso y afable, muy apreciado por toda la gente con la que compartió rutas, servicio público altruista, cafés y pitillos. 

En una palabra, entrañables.

Por eso la familia recibimos con mucho afecto y orgullo este II Memorial de Golf en su nombre, que ennoblece sus vidas y, sobre todo, sus recuerdos. Recuerdos que os ánimo a evocar, aunque todavía duelan, porque lo merecen y les honra. De ese modo vivirán para siempre en nuestra memoria y eso, queridos vecinos, amigos, familiares…, es otra forma de eternidad.

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