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Doña Emilia

Javier de la Nava 14 de junio de 2021 Por Javier de la Nava
Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán es considerada “la gran dama de las letras españolas del siglo XIX” a través de su papel en la renovación del realismo español, al que aportó su profundo conocimiento del naturalismo francés, la novela rusa o la estética modernista. Crítica e historiadora de la literatura, periodista, traductora, analista política y autora teatral, se sabe mucho de su vida, decisiones, logros, derrotas y de sus reivindicaciones, las cuales aún hoy resuenan con intensidad emocional e intelectual. Su rotunda personalidad era, al mismo tiempo, volátil e imprecisa, llena de ambivalencias estéticas y políticas, que configuraron un carácter excéntrico y problemático respecto a los patrones de conducta y de pensamiento, dominantes en su clase social y en la esfera literaria de entonces. 

Procedente de una familia liberal, militó en su juventud en las filas del carlismo. Reaccionaria y progresista, a veces ambas cosas al mismo tiempo, en el plano largo era un personaje de una pieza y en el plano corto, un rompecabezas. Durante su intensa vida social mantuvo una extraordinaria correspondencia con grandes figuras artísticas e intelectuales. Se casó, tuvo hijos, se separó discretamente de su marido y tuvo varias relaciones amorosas, entre ellas una célebre e intensa con Benito Pérez Galdós. En su obra se observan los dilemas generacionales respecto a las identidades de clase y de género, pues entonces, no se permitía a la mujer acceder a la educación en términos de igualdad y mucho menos sus méritos eran reconocidos.  

La escritura fue para ella una identidad vivida pública y privadamente. A diferencia de otras escritoras no experimentó desgarro emocional, miedos o vacilaciones. En ella había pasión y voluntad de derribar obstáculos, de ser y de estar. Evitó lamentar las dificultades que tuvo por ser mujer, se integró en círculos diversos (ateneos, cafés, tertulias, redacciones de prensa y la política) y mantuvo una tertulia muy solicitada, en Galicia y en Madrid. Sin remilgos de clase, ni de género, asumió el modelo comercial del autor profesional que busca fama y dinero: promocionó sus obras; buscó redes; asumió las críticas; fundó y dirigió revistas literarias y; aceptó responsabilidades de gestión en varias instituciones. No era una empresa fácil para una mujer. Frente al retiro doméstico, modestia y falta de ambición típicas en una mujer de su época, disfrutaba con la vida social, cuidaba su vestimenta y nunca ocultó desear la gloria literaria. Por todo ello,  durante años, fue acusada de voluble, superficial y ligera de costumbres.

Esta forma de proyectarse en la sociedad es una de sus características más transgresoras. No le asustaron los estereotipos y sus costes para una mujer y gestionó con inteligencia su imagen de autora célebre al fabricar un yo femenino respetado por la sociedad.  Fue capaz de asumir en público su significativa excepcionalidad y sacar rendimiento de ella, en lo personal y en lo profesional. Otra cosa fueron los costes emocionales que sufrió. 

Dedicarse a la literatura de manera tan particular, la convirtió en una de las intelectuales que más agudamente identificaron las exigencias e importancia de la ficción y la crítica literaria en la construcción de las identidades nacionales potentes. 

Tres características explican la posición de Emilia Pardo Bazán en la nueva esfera literaria: reconocer los aspectos económicos de su profesión; importancia de la red de relaciones que la sostuvo en momentos cruciales de su carrera y; sus intentos por controlar una imagen pública y una vida privada cada vez más expuestas y contestadas.  Según sus “Apuntes autobiográficos”, alejado de fingidos sentimentalismos, diseñó su propio personaje lo más neutro, personal y sexualmente. No aceptó la compasión, ni melancolías románticas propias del modelo misógino imperante, ni el mal humor e impotencia de los escritores modernos, “tan ojerosos y tristones, que da grima verlos”. 

Con alma científica se acercó a la novela desde la observación y el análisis. Los pazos de Ulloa, su mejor relato, refleja la adopción de la fórmula novelesca de Émile Zola. 

Alcanzó gran fama durante su vida, por eso el centenario de su fallecimiento ofrece la oportunidad de comprobar el recorrido póstumo de su obra y cómo su memoria creativa e intelectual continúa viva, aunque el hecho de “ser mujer” proyectase una larga sombra sobre todo lo que hizo, dijo o escribió. Con la perspectiva de un siglo, la escritora gallega fue la gran aportación española a la primera ola de la reivindicación intelectual y activa de la igualdad, por la que luchó con firmeza. Se definió a sí misma como “radical feminista” y reclamó para las mujeres la capacidad de ser individuos. Decía que si en su tarjeta hubiera puesto don Emilio, su vida habría sido más fácil. Tuvo una mirada amplia, “En España creo ser una de las pocas personas que tienen la cabeza para mirar lo que pasa en el extranjero”. Fue cosmopolita, no cosmopaleta. Ocupa un destacado lugar entre literatos e intelectuales de su época. Fue exagerada, vividora y alegre, lo cual no era aceptado de buena gana por los hombres, para quienes siempre fue Doña Emilia. 

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