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“El atentado contra Juan Vázquez”

El Espinar 10 de junio de 2021 Por Carlos Parrilla

Verano de 1526. Dos hombres armados cabalgan por los prados de El Espinar, el clérigo Fernando Bernaldo y su joven primo, Juan Quadrado, recién llegado de Galapagar. Buscan al personaje más poderoso de la villa, a Juan Vázquez, un hombre que goza del favor del mismo emperador Carlos tras haber luchado por él en la reciente guerra de las Comunidades y defendido su causa como procurador de Segovia ante las Cortes de Castilla, y lo buscan para matarlo.

Ambas familias se odian. ¿Por qué? ¿Desde cuándo? Juan Vázquez se refirió ante el juez a “ciertas palabras que pasaron entre él y el dicho Benyto Vernaldo (padre de Fernando) tomando con él tanta enemistad sin haber causa ni razón para ello”, sin embargo, por la otra parte Juan Quadrado, sobrino de Benito Bernaldo, acusó nada menos que a la esposa de Juan Vázquez de haber causado la muerte de dos mujeres de la familia de los Solanilla, sus cuñados que vivían entre Galapagar y El Espinar. ¿Venganza personal? ¿Trasfondo político con una guerra civil recién terminada?

Los intentos de asesinato

La narración de los hechos, tal como aparece en los documentos judiciales conservados en la Chancillería de Valladolid (Ejecutorias 404,45) es bastante confusa. Cada parte los cuenta a su modo, contradice al contrario, recusa a jueces y testigos y miente lo que puede... y más.

Parece probado que los Bernaldo planearon dar muerte a Juan Vázquez aprovechando una salida al campo para ver sus tierras y ganados. Consta que compraron un caballo y armas y que le acecharon durante al menos tres días. En el escrito de acusaciones aparecen varios intentos de asesinato. En una ocasión Juan Vázquez no pasó por el lugar en que estaban apostados los dos primos y se salvó por pura suerte. Más adelante se describen otras dos agresiones (o quizá una contada de distintos modos) declarando que el clérigo Fernando Bernaldo atacó a Vázquez y éste, al percatarse “que venían a le matar, arremetió al dicho clérigo y por fuerza de braços lo sojuzgó e impidió para que no efectuase su propósito”. En un momento posterior añadió que “el dicho Fernando Vernaldo vino a él en hábito de soldado en calçon y en jubón y con una caperuça colorada y un chapeo en la cabeza y una ballesta armada y puesta en ella un pasador con yerba del monte y armado de todas armas puso un efecto de le matar y le tiró y dio muchos golpes y si por Dios nuestro señor no fuera, le matare”.

La documentación que se conserva se refiere únicamente al juicio contra el “cómplice” Juan Quadrado, un joven de “menor de veinticinco años y mayor de catorce” por lo que hubo de nombrársele un curador mientras permanecía preso en la cárcel de Segovia. En sus alegaciones, el reo manifestó que en aquellos días de julio de 1526 acudió a El Espinar con intención de ir en romería a Nuestra Señora de La Losa, haciendo parada en el pueblo para ver a sus parientes. Negó cualquier participación en los hechos pero insistió en acusar a la esposa de Juan Vázquez de ser responsable de la muerte de dos mujeres de su familia.

Tormento de cordel y agua. La condena y los recursos

Ante el bachiller Figueroa, juez corregidor en la ciudad de Segovia, pasaron numerosos testigos de una y otra parte. El juicio en primera instancia concluyó condenando a Juan Quadrado a sufrir tormento de cordel (potro) y agua (ingestión hasta casi el ahogamiento) sin determinar la duración o intensidad de la tortura, sino  en la “cantidad que a nos bien visto fuere habida consideración de los (delitos) y calidad de ellos”. El sentido de esta condena plantea dudas al examinarse las alegaciones posteriores. El tormento en aquella época no tenía la condición de castigo sino, habitualmente, de medio de “investigación” para obtener la confesión del reo. Parece que la decisión del juez fue la de torturar al acusado para que éste declarase su culpabilidad y el nombre de los inductores y partícipes en el intento de asesinato.

El condenado apeló la sentencia ante la Real Chancillería de Valladolid, esgrimiendo una buena sarta de argumentos legales. Curiosamente Juan Vázquez exigió que el reo fuese trasladado a la cárcel Real de Valladolid desde la de Segovia, ya que “en la dicha ciudad donde estaba preso tenía más favor en los alcaldes de ella, ante los cuales no esperaba alcanzar cumplimiento de justicia”. De poco le sirvió llevar pleito y acusado a una ciudad más favorable ya que, tras escuchar nuevos testimonios, la Chancillería terminó por absolver a Juan Quadrado en sentencia dictada el 12 de julio de 1527, dejándolo libre de toda culpa, poniendo “perpetuo silencio al dicho Juan Bázquez para que ahora ni de aquí adelante ni en tiempo alguno ni por alguna (causa) no le pueda más acusar ni demandar cosa alguna”.

Fue entonces el acusador, Juan Vázquez, quien recurrió la nueva sentencia. Algo consiguió, pero muy alejado de su pretensión de hacer torturar al joven. Al final, en febrero de 1528 los jueces de Valladolid condenaron al muchacho a una leve pena de destierro “del lugar de El Espinar con cuatro leguas alrededor por tiempo y espacio de cinco años y del lugar de Galapagar con otras cuatro leguas por medio año cumplido”. Paradójicamente no fue condenado por el intento de asesinato –que no pudo probarse– sino por las acusaciones vertidas contra la esposa de Vázquez de las que tuvo que desdecirse públicamente.

¿Qué fue del principal sospechoso, el clérigo espinariego Fernado Bernaldo? Quizá algún día se encuentre el testimonio de su juicio, si es que lo hubo. Lo cierto es que Bernaldos, Vázquez y Solanillas siguieron compartiendo pueblo y malquerencia muchos años más.

En la calle Abundio García Román, sobre el dintel de la puerta de Betania, se conserva el escudo de armas de Juan Vázquez. Si las piedras hablaran después de cinco siglos ¿pondrían luz a unos hechos tan oscuros o seguirían mintiendo?

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