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1489. Los espinariegos en la toma de Baza..., sin cobrar

El Espinar 28 de mayo de 2021 Por Carlos Parrilla
Carlos Parrilla
Carlos Parrilla

Es bien conocida la leyenda según la cual un tal Pablo de Riguerza, carretero natural de El Espinar, llevó a cabo la última acción militar de la campaña de Granada, al ser capaz de emplazar la artillería de los Reyes Católicos frente a la Alhambra, hecho que motivó la rendición de la fortaleza y la consiguiente toma de la última ciudad que quedaba en poder del Islam en la península.

Estos hechos, más detallados, pueden leerse en la obra de Domingo Rodríguez Arce sobre la Historia de la Ilustre Villa de El Espinar. Al pie de su página 40 escribe: “invitamos a los que se interesen por esta historia espinariega, prosigan la investigación del referido hecho, porque añadiríamos un timbre más de gloria para enaltecer y perpetuar la memoria de nuestros antepasados”.

Aceptando el envite y a falta de hallar el documento que dilucide si el hecho es histórico o mera leyenda, al menos se pueden ir aportando indicios que inclinen la balanza.

En el Archivo General de Simancas (RGS 1490004,18) se conserva un breve escrito de letra intrincada y en hermoso castellano antiguo. Un grupo de 27 espinariegos reclamaron ante el rey el pago de las deudas pendientes por su participación en el transporte de pertrechos en el sitio de Baza, ciudad próxima a Granada y tan sólo un año antes del asedio a aquella ciudad.

El sitio de Baza

Desde hace siglos, quizá desde siempre, las guerras no suelen ganarlas los más valientes ni los más listos sino, fundamentalmente, quien tiene más dinero. Junto con la sangrienta conquista de Málaga en 1487, la toma de la ciudad de Baza es uno de los hitos fundamentales en la última etapa de la Reconquista, tras ella cayeron, como fichas de dominó, las ciudades de Guadix y Almería. A partir de su pérdida en 1489, la capital del reino tenía la suerte echada. El asedio a la ciudad fortificada de Baza fue una verdadera lucha de resistencia que movió cantidades asombrosas de medios materiales y humanos y consumió montañas de dinero, hasta dejar las arcas reales sin más metal que el de sus cerrojos. La ciudad, repleta de bravos defensores, fue rodeada con una larga empalizada mientras que los dos grandes campamentos cristianos se unieron por medio de una línea fortificada. Se trazaron a golpe de hacha y pico caminos de muchas leguas entre las sierras para poder alimentar y pertrechar durante seis largos meses a un contingente de más de 50.000 hombres, mayor que muchas ciudades de Castilla.

Estas construcciones, talas y desmontes no pudieron llevarse a cabo sin el trabajo de innumerables carreteros y acemileros, encargados de transportar bagajes, municiones y alimentos. Si cada batalla tiene un arma protagonista, la toma de Baza podría decirse que la ganó la intendencia.

Los 27 espinariegos

Cuando los Reyes Católicos entraron al fin en la ciudad, tras su capitulación en diciembre de 1489, al parecer no sólo dejaron tras de sí medio año de privaciones, esfuerzos y combates, también dejaron deudas, muchas deudas. Entre sus acreedores figura una relación de 27 vecinos de El Espinar que prestaron servicios de transporte con sus carretas de bueyes. Estos son sus nombres: Pedro Manzorro, e Juan Rensidan, e Anton de la Serna e Juan de Romero, e Juan de Patilla, e Pablo del Alamo, e Pedro del Alamo (¿antepasado del que grabó su nombre en la peña en 1617?) , e Myguel Ximenes, e Juan Martinez, e Alonso Seuilla, e Pablo Navo e Alonso Navo, su hermano, e Pablo Bosyo, e Juan Peres, e Anton de la Sya, e Juan Roldan, e Anton de Arevalo, e Pedro Pro…de,  Fernan Martyn, e Andres Cervison, e Andres Martyn, e Myguel Sanches Paton, e Pedro Serrano, e Anton Serrano, su fijo, e Juan Gonsales de Palaçios e Françisco, su sobrino, e Fernan Gonsales Bermejo.

En el museo municipal de Baza se conserva uno de los enormes cañones (lombardas) empleados en aquel asedio, que podían pesar más de tres toneladas  y disparar bolaños de piedra de 150 Kg. Pensar en su transporte sobre carretas de bueyes, por sendas apenas trochadas, saltando peñascos y vadeando ríos sin puente, realmente parece obra de titanes.

Estos esforzados carreteros, tal como señala el escrito fechado en Sevilla el 6 de abril de 1490, alegaron que al acudir al cerco de Baza hubieron de contraer, a su vez, cuantiosas deudas para adquirir animales y pertrechos por lo que el impago de lo acordado suponía que ellos no pudieran afrontar sus propias obligaciones. La Cancillería Real emitió una carta  dirigida a vos los corregidores, asistentes, alcaldes, alguaziles y otros justicias qualesquier ansy del logar del Espinar como de todas las otras çibdades y vyllas y logares de los nuestros reynos e sennorios en la que se ordenaba a los acreedores de estos espinariegos que no ejecutasen sus bienes o actuasen contra sus fiadores ya que, en el fondo, su insolvencia procedía de la apurada situación de la hacienda real. La corona se comprometía a abonar lo debido en el plazo de seis meses, en octubre de 1490. Si llegaron o no a cobrar, quizá otro documento lo aclare.

¿Y dónde están los Riguerza?
Volviendo al principio, a la controversia sobre la realidad o mito de la hazaña de Pablo de Riguerza en el cerco de Granada, este documento aporta algunos datos:
1- En primer lugar aparece probada la presencia –muy numerosa y además cohesionada, pues todos acudieron conjuntamente a quejarse al rey- de carreteros de El Espinar al servicio de los Reyes Católicos en la última fase de la Reconquista. Incluso es lógico pensar que hubiese bastantes más y sólo algunos de ellos, los más perjudicados, se dirigieran al rey para exponer sus demandas.
2- La proximidad geográfica y temporal de los dos cercos, Baza y Granda, permite aventurar que también prestarían sus servicios en el último de los asedios de la guerra, iniciado un año más tarde.
3- Por último, en la narración de Pablo de Riguerza se habla de la ayuda de sus deudos, los Jiménez -Pedro y Pablo-  apellido que figura  en la relación de peticionarios (si bien tras el nombre de Miguel).
Llama la atención, sin embargo, que ningún Riguerza figure en la larga lista de impagados… quizá ellos sí cobraron.
Nos tememos que la niebla sigue flotando sobre la hazaña del esforzado Pablo, en todo caso puede haberse disipado un poco a favor de su veracidad. Como pedía hace un siglo Rodríguez Arce, animamos a proseguir la investigación para poder sostener, con pruebas en la mano – y exagerando un poquito - que la Reconquista la empezó Don Pelayo y la terminó uno de El Espinar. Eso, desde luego, no lo puede decir cualquiera.

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