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El lado positivo

Aránzazu González 18 de mayo de 2021 Por Aránzazu G. Herranz

Hace algunos días un buen amigo segoviano me decía “tanto nadar y nadar para morir en la orilla”, para describir el duelo de una realidad que a veces intentamos maquillar, y con ello anestesiar la decepción de un esfuerzo en vano intentando esquivar la apatía. Sin embargo, todo sacrificio reporta utilidad mental que contribuye al aprendizaje, si somos capaces de instalarnos en un enfoque positivo y productivo de la situación que nos pasó por encima. 

Atrapados, en una recta final en la que se tambalean la paciencia y las ganas como si lucharan en duelo de esgrima sobre la cuerda floja de un circo sin red, con el aplauso controvertido de un principio de prudencia saturado de excesos y renuncias, arbitrando un partido de prórroga infinita. Y en mitad de toda esta metamorfosis sin escapatoria hemos ido reeditando recuerdos y momentos almacenados en el hipocampo, remediando y completando crónicas; expectantes, víctimas del cómo y del cuándo.

Entre el complot de traumas y flashbacks involuntarios nos proponemos renovar la alambrada que protege nuestra memoria, apilando los muebles inservibles en el desván del olvido, haciendo sitio al lado positivo hacia el que nos ha sacudido esta experiencia vital, refugiados en el rebaño inmune sin hoja de ruta, decididos a atracar en otra orilla.

Una escena inacabada que reclama otro final, devorada por un tiempo muerto en el que estuvimos presos, necesitados inconscientes, perdidos, nadando ansiosos por llegar a nuestra playa, en la dirección equivocada.

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