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El olvido que NO seremos

Escriben - Javier de la Nava 15 de mayo de 2021 Por Javier de la Nava
Ya somos el olvido que seremos. / El polvo elemental que nos ignora / y que fue el rojo Adán y que es ahora / todos los hombres, y que no veremos. (Jorge Luis Borges)

Se acaba de estrenar “El olvido que seremos”, película dirigida por Fernando Trueba, basada en la novela del mismo título, escrita con valor y ternura por Héctor Abad Faciolince. En ésta, el amor por su padre y el trágico desenlace de su vida se convierte en una historia sobrecogedora, argumento perfecto que solo él podía contar y Fernando Trueba, con su hermano David como guionista, transformaron en lenguaje cinematográfico. El producto final es una muestra de maestría creativa del director y su equipo, en un proyecto que desde el principio les había llegado al alma.

El 6 de marzo de 2013, en la tertulia El libro del mes, nos habló de esta novela mi entrañable amigo y entonces vecino de San Rafael, Helmoot Romero. ¡Cuánto se echan de menos aquellos encuentros literarios presenciales, que con sabia maestría dirigía Alberto Martín Baró los primeros miércoles de mes, acogidos por la entrañable Isabel Codina en Restaurante El Espino, territorio de cariño y simpatía!. Ahora se celebran de forma telemática, pero la presencia es cariño, es abrazo; la pantalla, sucedáneo. Tengo grabado en el capítulo de mis emociones el 4 de marzo de 2019, cuando celebramos nuestra última sesión, por ahora. No imaginábamos que pocos días después, nuestras vidas se transformarían radicalmente y nuestros sencillos y humildes hábitos de entonces pasarían a convertirse en extraordinarios. 

Pero volvamos al 2013. Muchas veces he comentado con otro gran amigo, Enrique Martín, lo que disfrutamos aquella tertulia. Helmoot al comentar este libro jugaba en casa. Con profundo conocimiento de haber vivido parecidas situaciones en primera persona, nos habló, tranquila y sosegadamente, del drama político en Colombia en general y en Medellín en particular hace décadas. Memoria desgarrada con reflexión lúcida y valiente sobre el dolor y desconcierto ante aquellos sucesos. Desde las entrañas, el libro refleja una mirada a Colombia y su gente. Estudio y comprensión de fondo. Al leerlo se valora el amor, el cariño y la devoción con la que se presenta a esa entrañable familia “paisa” de riquísima cultura. De pensamiento librepensador, Héctor Abad Gómez era un ejemplo de bondad, sabiduría, amor por los demás, de justicia y de alegría. Alguien a quien su hijo recuerda para propiciar la reconciliación, no el ajuste de cuentas. Esta es la filosofía que perfectamente reflejan las imágenes de Trueba. 

Publicada en 2006, Héctor Abad Faciolince tardó veinte años en escribir la novela. Durante ese tiempo buscó, ordenó y asignó las palabras más adecuadas para hablarnos de una muerte arbitraria, brutal e inexplicable, la de un hombre que se empeñó en salvar vidas y perdió la suya a manos de paramilitares a la salida de la sede Sindicato de Maestros de Medellín. El autor fue el primero en llegar a la calle de Medellín donde yacía el cuerpo sin vida de su padre. Cecilia, su madre, llegó tras aquél y los tres quedaron durante horas, aquella tarde del 25 de agosto de 1987, fundidos en el abrazo eterno que une la vida con la muerte, más en una muerte cruel como aquélla. 

Tenía 65 años y murió con la violencia que se dedicó a combatir. En el bolsillo de su pantalón llevaba una lista de amenazados que lo incluía y, copiado a mano, el primer verso del poema de Jorge Luis Borges que explica el título de novela y film. Ambos, con estilo y lenguaje propios, profundizan en la vida de un personaje que amalgama la tragedia y la vocación de redención colombiana A partir de este cataclismo personal y familiar, el escritor emprende un bello y doloroso viaje hacia la figura de su padre: activista pro Derechos Humanos, promotor de la tolerancia y la educación,  profesor universitario, destacado médico fundador de la Escuela Nacional de Salud Pública, donde promovía las cinco Aes: Aire, Agua, Alimento, Abrigo y Afecto.

La novela humaniza y reflexiona el proceso de pérdida que atraviesan las sociedades donde la muerte se vuelve cotidiana e irracional, como desgraciadamente vivimos en nuestro propio país hace años. En su intento de mitigar un dolor -propio y colectivo-, el autor confeccionó una joya híbrida, a mitad de camino entre la ficción y la no ficción que ha conmovido a lectores en todo el mundo. Traducido a doce lenguas, numerosos premios lo han reconocido como un alegato a favor de la belleza, la justicia y la razón. 

Al año de publicarse, lo leyó el cineasta español Fernando Trueba. Su esposa Cristina Huete lo había leído primero. A ambos les emocionó y tocó el corazón. “Es un libro que no te deja indiferente”, comentó el oscarizado director. Años después le propusieron realizar la película. Al principio se negó, pero los mentores de la idea insistieron, “Lo pensé y tuve los miedos que era lógico tener”. La película emana del libro, pero adquiere vida propia, el cine trabaja con trocitos de latente vida, fusión de la realidad y el arte cinematográfico. La película cuenta la vida y la felicidad, pues sólo cuando cuentas la felicidad es cuando te duele inmensamente perderla. Con producción cien por cien colombiana, sólo protagonista, Javier Cámara, y director son españoles. También actúan Nicolás Reyes Cano, Patricia Tamayo y Juan Pablo Urrego, entre otros. 

En un año complejo para la industria del cine, la cinta de Fernando Trueba acaba de llegar a las salas comerciales. ¡Tras verla, a uno le dan ganas de ser bueno! El público disfrutará y sufrirá con esta historia sobre un ser humano fuera de serie. Un verdadero héroe, pues héroes son aquéllos capaces de hacer algo por los demás, categoría en la que incluyo a Helmoot Romero. Tanto en Colombia como en España ha dado y sigue dando claras muestras de integridad personal y estandarte de la Justicia. En los momentos que ahora atraviesa quiero mandarle mucho ánimo y la seguridad que volveremos a compartir charlas y cafés. Lucharemos por ese “olvido que NO seremos”.

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