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LAS PALABRAS Y LA VIDA Fronteras y autonomías

Alberto Martín Baró 10 de mayo de 2021 Por Alberto Martín Baró
Puerto de Guadarrama
Puerto de Guadarrama

Los cierres perimetrales, con los que las Comunidades Autónomas tratan de atajar, de forma bastante infructuosa, el aumento de la propagación del coronavirus y de los contagios de la covid-19, me han traído a la memoria la división de España en regiones y provincias que recitábamos los colegiales en la década de los años cincuenta del siglo pasado.

La región de Castilla la Vieja albergaba las provincias de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia. Estas dos últimas provincias se adscribían, según otras divisiones, al Reino de León, compuesto por las provincias de León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia. Castilla la Nueva abarcaba a Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. Las Vascongadas contaban con tres provincias: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya…

Es curioso observar que la actual división territorial de España en provincias responde, con escasas variantes, a las que estableció en 1833 Javier de Burgos (1778-1848), lingüista, historiador, periodista, dramaturgo, político, poeta y traductor, siendo secretario de Estado en el Gobierno de Cea Bermúdez, al comienzo del reinado de Isabel II, bajo la regencia de María Cristina de Borbón. Frente a las 49 provincias de 1883, hoy se cuentan 50, y frente a las 15 regiones de entonces hay en la actualidad 17 comunidades autónomas, con sus respectivos Estatutos de Autonomía.
Este paralelismo me lleva a una reflexión que echa por tierra las pretendidas identidades de los habitantes de tales Comunidades, algunas de las cuales se pretenden, no ya nacionalidades, sino naciones. Lo que fue en su origen una división territorial para favorecer la administración de un Estado centralizado, se alza hoy como bandera para defender diferencias identitarias y, más aún, para promover la secesión y reclamar la independencia del resto de España.

Si la linde entre una circunscripción y otra se desplaza unos kilómetros, los habitantes afectados por tal desplazamiento pueden, por ejemplo, dejar de ser catalanes o vascos.

Leemos en los Pensamientos de Pascal el siguiente diálogo:
“–¿Por qué me matas? –¿Y qué, no estás al otro lado del río? Amigo mío, si estuvieras de este lado sería injusto matarte y yo sería un asesino. Pero, como estás al otro lado, esto es justo y yo soy un valiente. ¡Bonita justicia –concluye Pascal– la que tiene por límite un río!”.
Muchas de las reivindicaciones de pueblos e individuos que se creen diferentes, e incluso superiores, a sus vecinos se fundan en fronteras fijadas artificialmente.

El asador que existe en el Alto del León, en el puerto de Guadarrama, está dentro de los límites de la comunidad de Madrid, por lo que, cuando Castilla y León prescribe el cierre de los interiores de la hostelería, el citado restaurante puede servir comidas en sus salones a los clientes. Otro hostal, cuyo edificio está prácticamente terminado, pero que aún no ha abierto al público, dista solo unos metros del anterior, pero se halla dentro de Castilla y León, por lo que, si se inaugurara en esos momentos, no podría atender en su interior al público.

La cesión de competencias sanitarias durante la pandemia a las comunidades autónomas no ha hecho sino poner de manifiesto una vez más la falta de operatividad de un país que funciona –mejor dicho, que no funciona– como 17 taifas con sus normas diferentes.
Los sufridos ciudadanos a los que, por distintos motivos, aún se nos permite desplazarnos de una comunidad a otra, incluso de un municipio a otro, nos las vemos y deseamos para saber si, en el otro territorio, podemos entrar en el interior de una cafetería, o si solo se nos puede atender en la terraza, y si en esta se autoriza sentarnos a una mesa 4 o 6 personas.

Cada comunidad ha establecido sus propias normas sobre las reuniones familiares en los domicilios. A estas alturas yo no sé si en mi casa puedo recibir a 2, 3 o 4 familiares, o a ninguno, y solo se nos autoriza estar juntos a los “convivientes”, palabra que nunca antes habíamos utilizado. A lo mejor solo puedo reunirme conmigo mismo…

Entrar en la casuística de las vacunas exigiría un máster en “vacunología”, otro término que antes de la covid-19 no recuerdo haber leído ni oído.
Si con todas estas y otras restricciones las cifras de fallecimientos, contagios y la “incidencia acumulada” –otro neologismo– no mejoran, la culpa es de las autoridades autonómicas y el gobierno central se lava las manos. Pero si asoma la posibilidad de que la vacunación avance a un ritmo aceptable, entonces aparece el presidente Sánchez en la televisión a ponerse la medalla de que nos aproximamos –una vez más– a la victoria sobre el coronavirus y a la tan deseada “inmunidad de rebaño” –que no sea por falta de expresiones tan vacías como estúpidas–.

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