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Por el retrovisor

Estación de El Espinar 21 de abril de 2021 Por Tino de la Torre
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No venía nadie y salí del stop a la carretera ancha. Esa hora de la siesta de un sábado de vientos que venían del mar con las nubes hinchadas. De esos días malos como te agarre la nostalgia. Y la siesta que por lo visto nadie hace pero que vacía las calles; nadie está para nadie, el teléfono y hasta los wassaps con tonterías reposan.

Éramos pocos a esa hora los que andábamos moviéndonos.

En el barrido de ojos que di, cuando salía del cruce, para ver cómo estaba la cosa por delante les vi. Unos cuantos cientos de metros por delante recién aparcados la moto y ellos. La moto con los “warnings”,  ellos con el casco todavía puesto y yo como padre putativo de la pareja - en ese breve fragmento de tiempo - pues angustiado.  Por ser más preciso me acongojé mucho muchísimo, por donde se les había ocurrido parar; no habría un sitio un poco mejor… Incluso afiné la vista por si el galán (ya que según avanzaba iba perfilando formas) fuera uno de mis hijos; el que se ha comprado la moto. No era. Un poco de alivio, pero no tanto, no crean.

En resumen: moto de las gordas en carretera de las grandes en arcén de los pequeños. Y los dos jóvenes ignorando todo en derredor. Por ropa y aspecto había él y ella. Y si les preguntáramos seguro que pensaban que por allí no había nadie más. No tenían el más mínimo interés en lo que iba un centímetro más allá de ellos tres (la moto y la pareja). Lo que había entre ellos era intenso, tanto que me hizo interferencia en la radio según pasaba a su lado. Él se quitó el casco y corría por el arcén hacia atrás unos cuantos metros. Ella, mientras tanto, también se quitó el casco y se apoyaba en el quitamiedos. La escena, con cielo encapotado de fondo, era de una fragilidad inquietante; con esa hermosura de las causas perdidas.

Pronto ya estaba de vuelta, también corriendo y agitaba la presa que había rescatado y se lo dio a la chica. Se besaron. Fue lo último que vi por el retrovisor ya que giré en la curva y seguí mi camino.

No era un anuncio de colonia. Ocurrió en pandemia. Creí que debía dibujar este relato.

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